#yoviajosola… y me como el mundo (Sicilia)

 

 

#Trapani #Palermo #turismogastronómico

Estoy de acuerdo en eso de que “no hay amor más sincero que el amor por la comida (George Bernard Shaw)”, en el sentido que no suele haber nada más detrás, ningún interés más lejos del mero hecho de querer alimentarnos y disfrutar de ello. Es por eso mismo, que creo que cuando viajas buscando buena gastronomía conectas con gente con esa sincera pasión, haciendo que la experiencia tenga sentido en si misma.
Hace mucho tiempo ya que mis viajes se mueven alrededor de las experiencias gastronómicas, y sí: #yoviajosola. Cuento esto, porque los planes más divertidos y enriquecedores en mis aventuras por el mundo, se han cocido alrededor de una mesa o un vino. Un entorno en el que me siento segura y en el que disfruto como la que más!

De siempre, Sicilia había sido uno de mis viajes gastronómico pendientes. Un día en casa, viendo un documental de la TV2 de los mercados de Palermo, se me disparó la alarma que era el momento de visitar la isla. Empecé a empaparme de revistas especializadas en viajes y a preguntar amigos para planear mi próxima excursión. Pero no pensaba en visitar Palermo, Siracusa, Catania… si no donde probar sus exquisiteces, como la pasta realizada de mil maneras, el atún de la tonnara (almadraba), los arancini (bolas empanadas de arroz rellenas), sus tomates secos, helados servidos en bollos, los granite y los canoli… y en base a ello, planifiqué mi viaje. Por supuesto, no debía dejar de visitar Marsala, para probar sus maravillosos vinos.

Y una noche de Junio, aterricé en Palermo. A la mañana siguiente, estuve hablando con los encantadores dueños del Bed&Breakfast donde dormí, les conté que me dedicaba al turismo gastronómico, y mientras desayunaba, se entretuvieron conmigo más de hora y media contándome dónde debía ir y qué comer. No me debía perder la Frittola, que se vende en un puesto del Mercado de Ballaró, donde un hombre levanta un paño de una cesta y coge un puñado de carne, lo pone en un pan, y después lo riega con una salsa que nadie exactamente sabe lo que contiene.
Además de ver ese espectáculo, me quedé alucinada con un puesto de pulpitos cocidos, y del tamaño de los calabacines!. Estuve más de cuatro horas perdida en los bulliciosos mercados más importantes Ballaró y del Capo, observando la gente y probando frutas y comida callejera. Después de deleitarme con sus atunes y sus precios (10 eur/kg), por fin llegué al puesto de los tomates cherry secos, donde me dejaron probar todos sus tipos.
Empecé a comprar como una Siciliana más, como si me estuviera esperando una gran familia hambrienta a la que dar de comer. Y es que ya lo saben mis amigos, mi souvenir es la comida. Además de los tomatitos, me llevé tarritos de salsa pesto de Pistacchio (típico de la zona), polvo de atún, diferentes tipos de pasta y algún aderezo más. Volví a recoger la maleta pensando todas las comidas y cenas sicilianas que haría cuando volviera a casa.

Acabé agotada del paseo y del madrugón para ver todos los mercados: era el momento de coger un autobús a Trapani. Ciudad estratégicamente situada para visitar y comer todo lo que me había propuesto.
Eché una cabezadilla, mientras desfilábamos entre viñas y pueblecitos, y después de dejar la maleta en el hotel, me fui a callejear.
Si Palermo me pareció una ciudad auténtica y decadente, Trapani me lo pareció más. Pasé por delante de una bulliciosa Cantina, que tenía unas viñas y toneles en la puerta, y me quedé atontada mirando su ambiente bohemio. Y me dije, “aquí me tomo una copita yo luego..”
Pero antes de todo, me acerqué a una agencia de viajes, porque no me quería ir sin bucear y ver el fondo del mar Tirreno. Estuve un buen rato charlando con Alessandra, la chica de la agencia, que acabó contándome sus males de amores y diciéndome que por el mal tiempo, no iban a salir los barcos. Pero casi cuando ya me levantaba, entró Sergio, un marinero de la zona y sin comerlo ni beberlo, Alessandra le nombró mi cicerone. Me despedí con un abrazo deseándole suerte en el amor, y lo primero que hizo Sergio, fue invitarme en la Cantina anterior, a uno de los vinos tintos cuya uva es una de la más importante de Sicilia: un Nero d ‘Avola. En pocos minutos, conocí a dos sicilianos: Miquel Angelo, un masajista que desprendía paz por todos sus poros y a Roberto, un pintor que había recorrido medio mundo, que me acompañarían el resto de los días, y ellos no lo sabían, pero junto a Sergio pasarían a ser mi familia siciliana. ¿Fue ese vino siciliano el que me animó a chapurrear el italiano? Tengo claro que el vino une a las personas.

Me acabé la copa y decidí probar un vino blanco Grillo, uva propia de Sicilia. Las barricas estaban colocadas en pirámide, como el sistema de criaderas y soleras de Jerez.

Cuenta la historia que el vino Marsala fue descubierto en 1773, por un comerciante de vinos inglés John Woodhouse, que en una tormenta tuvo que atracar el barco en Marsala. Allí probó los vinos, que le recordaron a los vinos de Jerez y Oporto, y no dudó en producirlo fortificado para que pudieran transportarse sin problemas, mediante un proceso llamado in perpetuum, que es parecido a la solera usada para obtener Jerez.

Pronto apareció un chico con una pizza gigante, cortada a cuadraditos pequeños, perfumando el bar a orégano, y en cuanto abrió la caja, todo el mundo se abalanzó hacia ella. Al segundo, un chico de Pantelleria, sacó un saquito de polvo de alcaparras hecho por él y no dudó en rociarlo en los trocitos de pizza mientras nos iba explicando lo maravillosas que son las alcaparras de su isla. Sergio cogió una guitarra que había apoyada en la pared, y nos pusimos a cantar canciones típicas sicilianas. No faltó, en honor a la “spagnola”, un momento de flamenquito, y entre risas, por supuesto, salí a bailar.
La noche no acabó aquí, seguimos comiendo una magnífica pizza con una mozzarela “en lo alto” y una pasta con berenjena alucinante, en uno de los restaurantes donde ya conocían a Roberto y Michel Angelo de toda la vida. El precio de la cena, vino incluido 15 euros. Agotados, cada mochuelo se fue a su olivo.. y mañana será un’altra mattina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s